1. Después de descubrir la verdad, queda una decisión
Puedes estudiar profecía durante años.
Puedes aprender Daniel.
Puedes conocer Apocalipsis.
Puedes memorizar versículos.
Puedes entender símbolos.
Pero existe algo que ningún conocimiento bíblico puede sustituir:
una relación con Jesús.
Porque el propósito final de la Biblia no es simplemente llenarnos la cabeza de información.
Es mostrarnos al Salvador.
2. Jesús es el centro
Él es el Creador.
El Salvador.
El Redentor.
Nuestro Sumo Sacerdote.
Nuestro Rey.
Nuestra esperanza.
Y el centro de la historia de la salvación.
Por eso Marca o Sello no termina con la profecía.
Termina con Cristo.
Porque cuanto más entendemos la Biblia, más deberíamos desear conocerlo.
3. La verdad transforma
Conocer la verdad no significa simplemente ganar una discusión.
No se trata de demostrar que tenemos razón.
La verdadera verdad bíblica transforma la vida.
Nos llama al arrepentimiento.
Nos enseña a amar.
Nos llama a obedecer.
Nos enseña a confiar.
Nos recuerda que nuestra salvación no está en nosotros mismos.
Está en Cristo.
4. Seguir a Jesús cuesta
Jesús nunca prometió que seguirlo sería siempre cómodo.
Seguir a Cristo significa tomar decisiones.
Significa abandonar aquello que nos separa de Dios.
Significa permanecer firmes cuando la mayoría piensa diferente.
Significa amar la verdad incluso cuando la verdad nos confronta.
Y significa confiar en Jesús incluso cuando no entendemos todo.
5. No se trata solamente de saber
Puedes saber mucho sobre Jesús sin seguirlo.
Puedes conocer Sus palabras sin vivirlas.
Puedes estudiar Sus enseñanzas sin entregarle tu vida.
Por eso la pregunta final no es:
“¿Cuánto sabes de la Biblia?”
La pregunta es:
“¿A quién estás siguiendo?”
6. El propósito de todo
Este es el corazón de Marca o Sello.
Descubrir la verdad.
Examinar las Escrituras.
Confrontar el error.
Prepararnos para lo que viene.
Pero finalmente:
seguir a Jesús.
Porque si todo nuestro estudio no nos lleva a Cristo, hemos perdido el centro.
La profecía revela.
La Biblia enseña.
La verdad confronta.
La esperanza prepara.
Pero Jesús salva.