1. La profecía no fue escrita para permanecer escondida
Daniel y Apocalipsis han sido considerados durante siglos libros difíciles, misteriosos e incluso incomprensibles.
Pero la pregunta es:
¿Realmente Dios dio profecías para que nadie pudiera entenderlas?
La profecía bíblica tiene un propósito.
Advertir.
Revelar.
Preparar.
Y dirigir nuestra atención hacia el plan de Dios.
2. Un mensaje que atraviesa la historia
Las profecías bíblicas presentan reinos, poderes, conflictos, persecuciones, cambios históricos y acontecimientos relacionados con el pueblo de Dios.
Pero no aparecen como historias aisladas.
Existe una conexión.
Daniel ayuda a comprender Apocalipsis.
El Antiguo Testamento ilumina el Nuevo.
La historia ayuda a comprender el cumplimiento profético.
Y cuando colocamos las piezas juntas, el panorama comienza a tomar forma.
3. El método importa
En Marca o Sello estudiamos la profecía desde una perspectiva historicista.
Esto significa que entendemos muchas de las profecías apocalípticas como desarrollándose a través de la historia, desde los tiempos bíblicos hasta acontecimientos relacionados con el tiempo del fin.
Pero una interpretación profética responsable debe comenzar con la Biblia.
No con películas.
No con teorías de internet.
No con especulaciones.
Primero la Escritura.
4. Daniel y Apocalipsis
Aquí encontrarás estudios sobre temas como:
- Las bestias de Daniel.
- El cuerno pequeño.
- Las 70 semanas.
- Las 2,300 tardes y mañanas.
- Apocalipsis 13.
- La marca de la bestia.
- El número 666.
- Los tres mensajes angélicos.
- Los 144,000.
- Las siete trompetas.
- Los dos testigos.
- La segunda venida.
- El milenio.
- Los acontecimientos finales.
Pero nuestro objetivo no es simplemente descifrar símbolos.
Es comprender el mensaje detrás de ellos.
5. La profecía apunta a una persona
La profecía puede mostrarnos acontecimientos.
Puede revelar poderes.
Puede señalar períodos históricos.
Pero al final, todo conduce a una realidad mucho más importante:
Jesucristo.
La profecía no fue dada para alimentar nuestra curiosidad.
Fue dada para preparar nuestro corazón.
Por eso aquí no queremos solamente preguntar:
“¿Qué va a pasar?”
También debemos preguntar:
“¿Estoy preparado para encontrarme con Jesús?”